El 27 de Julio es el día internacional del perro callejero. Y puesto que esto es una efemérides de conspiraciones quisiera recordar y rendir homenaje a los “perros caídos” durante la segunda guerra mundial. Resulta que el ejército soviético inventó el concepto de “perro bomba” para combatir los tanques alemanes. Les cargaban de munición y les enviaban contra los tanques.

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El origen de esta idea esta en el condicionamiento de Pavlov. Para adiestrar a los perros se les daba de comer bajo un tanque durante semanas para que asociaran la aparición de dicho elemento al hecho de que pudieran comer. Días antes de soltarlos en la batalla se les privaba de alimento y se les soltaba en el frente para que fueran directos hacia los tanques enemigos. Esta improvisada arma comenzó a suponer un problema para el avance alemán, hasta tal punto que el ejército alemán tenía orden de disparar a cualquier perro que se cruzara en el frente, pero el tamaño y la rapidez con que se movían hacía difícil acertar, así que se optó por el uso del lanzallamas montado sobre los tanques para acabar con esta amenaza canina.

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El origen de los perros-bomba data de 1924, año en que los soviéticos aprobaron el uso de canes en el campo de batalla. Aunque por entonces sus objetivos eran bien distintos a los que finalmente tendrían. Concretamente, estos iban desde descubrir a combatientes perdidos en la nieve, hasta hallar minas enterradas en el suelopor el olor del explosivo que albergaban en su interior. También se barajó la posibilidad de que los «mejores amigos del hombre» transportaran en medio de la contienda mensajes entre diferentes unidades, aunque es un objetivo que se acabó abandonando debido a los múltiples inconvenientes que lastraba tras de sí (entre ellos, que el animal regresara junto a sus dueños o que fuese capturado por el enemigo).

En cuanto a los usos militares, los canes dejaron de ser efectivos en cuanto perdieron el elemento sorpresa. «Esta táctica sólo fue útil al principio, cuando los alemanes pensaban que eran perros de las unidades sanitarias y no sospechaban de la trampa. Más tarde, cuando se comprobó que iban cargados de explosivos, acribillaban a la mayoría de los perros que se les acercaban antes de que pudieran llegar a su objetivo». Hans von Luck era de la misma opinión o, al menos, eso es lo que afirma en su libro: «Desafortunadamente, en cuanto descubrimos la treta tuvimos que disparar a todos los perros que encontramos».

A su vez, el entrenamiento de estos animales tampoco era efectivo en su totalidad, pues en muchos casos confundían los carros de combate y se metían bajo los blindados del ejército soviético. No faltaban tampoco los casos en los que, simplemente, los animales se asustaban debido al ruido de la contienda y volvían buscando el cariño de sus amos, algo que propinaba más de un sobresalto a los propios rusos.

Sea como fuere, lo cierto es que estos perros-bomba fueron utilizados en múltiples combates (algunas veces buscando más el «susto» del enemigo que la eficacia real). Una de sus participaciones más destacadas, según las fuentes soviéticas citadas por Zaloga, fue la batalla de Kursk (una de las contiendas de toda la Segunda Guerra Mundial en las que participaron un mayor número de carros de combate). «Los soviéticos dijeron que, en esta batalla, 16 perros destruyeron 12 tanques. Sin embargo, las fuentes alemanas afirman que no eran muy eficaces», completa el estadounidense.

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