Tal día como hoy en 1966, 2:30 de la madrugada, dos hombres entran el bar Lafayette en Patterson (New Jersey, EEUU) y cometen un triple asesinato. Así comienza una de las historias más famosas de una inculpación injusta con tintes racistas: Rubin Cárter, boxeador, fue acusado y declarado culpable de un delito que nunca cometió.

NEW YORK, NY - MAY 20:  Rubin "Hurricane" Carter fights Dick Tiger in Madison Square Garden on May 20, l965 in New York, New York.  (Photo by Herb Scharfman/Sports Imagery/Getty Images)

NEW YORK, NY – MAY 20: Rubin “Hurricane” Carter fights Dick Tiger in Madison Square Garden on May 20, l965 in New York, New York. (Photo by Herb Scharfman/Sports Imagery/Getty Images)

Robin Cárter pasó 19 años en prisión por un tripe asesinato que no cometió. Era uno de los púgiles más prometedores del mundo del boxeo cuando fue detenido, con apenas 29 años, y acusado en su ciudad natal por el crimen de los tres fallecidos del Bar Lafayette. El juez le condenó a prisión y allí estuvo 19 años, mientras su pelea contra aquella injusta condena se hacía tan famosa que llenaba las librerías de éxitos.

Fue juzgado en un juicio lleno de irregularidades y prejuicios raciales por un jurado formado por blancos, basándose en el testimonio de dos ladrones que luego se retractaron, y fueron condenados a tres cadenas perpetuas. Este caso se manejó con un perfil muy bajo para que no saliera a la luz, hasta que Bob Dylan en el año 1975 escribió la canción Hurricane a modo de protesta para denunciar este injusto episodio, además de ser interpretada en su gira Rolling Thunder Revue en 1975. La canción dice así:

“Esta es la historia de Huracán, pero no habrá terminado hasta que limpien su nombre y le devuelvan el tiempo que ha cumplido, lo pusieron en una celda pero pudo haber sido campeón del mundo”.

Rubin-Hurricane-Carter-in-prison

Huracán luchó por demostrar su inocencia y mientras estuvo en la cárcel, se dedicó a estudiar filosofía y leyes. Tras recibir el apoyo de importantes líderes de la comunidad negra y artistas, el 7 de noviembre de 1985 se le dio la oportunidad de presentar nuevas pruebas para demostrar su inocencia. Durante el nuevo juicio de apelación, se reconocieron claros elementos de racismo durante el proceso penal. Se comprobó que hubo corrupción de la policía, declaraciones bajo coacción y pruebas falseadas. El juez, ante la evidencia, le concedió la libertad inmediatamente, al considerar que los derechos de Carter habían sido violados y que el castigo respondió “más al racismo que a la razón.”

Fue puesto en libertad, en 1985, por anulación de condena y se asentó en Toronto gracias a la ayuda de un grupo de canadienses y allí vivió hasta su muerte envuelto en una constante pelea contra casos similares al suyo, como el último que tenía entre manos, el de David McCallum, condenado a 28 años de cárcel por un asesinato que no cometió. De 1993 a 2005, Carter fue Director Ejecutivo de la AIDWYC (Association in Defence of the Wrongly Convicted).

Según un estudio, 1 de cada 25 personas ejecutadas por pena capital (a muerte) en EEUU son inocentes. Esto es, alrededor de unas 200.

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