Tal día como hoy, en 1992, el ejercito americano, bajo mandato de George Bush (padre), envía a Somalia 25.000 soldados para iniciar una intervención militar (“Restore Hope”, Restaurar la Esperanza) con el fin de paliar las condiciones infrahumanas en que vive la población civil como consecuencia de la guerra civil y la sequía que azota la región desde hace años. Pero nada saldrá como se espera.

Somalia

En mayo de 1993 la dirección pasará a manos de la misión de la ONU (ONUSOM), que se acabará retirando en marzo de 1995 sin conseguir ni el restablecimiento de una autoridad nacional, ni la consecución de la paz. En 1994 el presidente Bill Clinton, entonces recientemente nombrado, ordenará la retirada de las tropas americanas en Somalia. Las devastadoras luchas civiles continuarán asolando el país.

Los críticos al rol desempeñado por Estados Unidos remarcan que “muy poco tiempo antes de que el presidente pro norteamericano Mohamed Siad Barre fuera derrocado en 1991, se habían concedido derechos de exploración petrolera sobre dos tercios del territorio a las compañías Conoco, Amoco, Chevron y Phillips. Conoco incluso llegó al extremo de ceder sus oficinas corporativas en Mogadiscio a la embajada de Estados Unidos unos pocos días antes de que desembarcaran los marines; las oficinas sirvieron de sede temporal para el primer enviado especial de la administración Bush a la zona.” El comentario, escéptico sobre las razones declaradas de la intervención, enfatizaba que más que un gesto puramente humanitario, en realidad los Estados Unidos se estaban involucrando para tomar el control de las concesiones petroleras. Somalia no posee reservas comprobadas de petróleo, pero se especula que podrían existir reservas aguas fuera de Puntland. La exploración petrolera continúa siendo un tema de controversia. El Gobierno Federal de Transición ha alertado a los inversores de que se abstengan de cerrar acuerdos hasta que se restablezcan la estabilidad en el país.

El 19 de septiembre de 1993, soldados yanquis dispararon proyectiles contra una multitud y dieron muerte a cien personas no armadas. Eso provocó una indignación generalizada que se reventó en la batalla de octubre de 1993 en la capital de Mogadiscio, retratada en el libro y la película La caída del halcón negro. En ese enfrentamiento, los somalíes eliminaron a una fuerza elite de Rangers yanquis, dieron muerte a 18 y lesionaron a 75, destruyeron cuatro helicópteros y capturaron mucho equipo. Por la derrota, Estados Unidos tuvo que retirar sus fuerzas y terminar su misión ahí en marzo de 1994.