Tal día como hoy en 1960, empieza a comercializarse en EE.UU. la píldora anticonceptiva, inventada por el biólogo estadounidense Gregory Goodwin. Por primera vez en la historia, sexo no está ligado a la reproducción. Una innovadora revolución en cuanto a costumbres morales frente a la sexualidad, el matrimonio y la familia, acababa de comenzar.

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En la revolución sexual  se separó el placer de la procreación (salvo en casos de seguidores de cultos religiosos que dictan justo lo contrario).  La contracepción es la tecnología que permitió a las mujeres elegir el momento, el cómo, con quién y cuando quedar embarazadas, mientras se multiplicaban los contactos sexuales previos al matrimonio o al compromiso reproductivo, dicho de otro modo, la contracepción es la que permitió multiplicar los contactos sexuales sin el peaje del embarazo que hasta los años 60 era la regla.

La revolución sexual ha propiciado la generalización de todo tipo de relaciones sexuales y la aceptación general de las relaciones sexuales prematrimoniales, el reconocimiento y normalización de la homosexualidad y otras formas de sexualidad. Asimismo se ha producido un aumento de las parejas de hecho -uniones sin matrimonio-, el retraso en la edad de contraer matrimonio, la aparición de hijos fuera del matrimonio, uniones civiles y matrimonio entre personas del mismo sexo, así como la aparición de nuevos tipos de familias (familias monoparentales y familias homoparentales).

Todas ellas estructuras que han supuesto un choque cultural con el patriarcado y con la cultura dominante (puritanismo, moral victoriana, etc). Favorenciendo así, la evolución del pensamiento y el feminismo, movimiento LGBT, la libertad e incluso la democracia.

Con todo, han traído otros aspectos negativos, por ejemplo la normalización de la pornografía que sigue instrumentando a la mujer considerándola un objeto.

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“Todo cubierto excepto sus ojos, vaya una cultura machista y cruel” “Nada cubierto salvo sus ojos, vaya una cultura machista y cruel”.