En 2001, se celebra el jucio de Anniston (Alabama) contra Monsanto concluyendo que Monsanto conocía la toxicidad de los PCBs y se la ocultó al mundo para “no perder un dólar de ganancias”.

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Todos nosotros tenemos policlorobifenilos (PCB) en el cuerpo, pertenecen a lo que se llaman contaminantes orgánicos persistentes y lo debemos al comportamiento irresponsable de Monsanto. Una exposición continuada puede conducir a cánceres, enfermedades cardiovasculares, diabetes, problemas de reproducción.
Desde 1935, los PCB han servido de líquidos refrigerantes, de solventes para la síntesis de medicamentos, plásticos, colorantes y lubrificantes, etc… Aniston, en donde se fabricaron 308.000 toneladas de PCB, es hoy en día una ciudad fantasma. Es el lugar más contaminado de Estados Unidos. La empresa vertía los deshechos de la fabricación en un canal que atravesaba la cuidad. Monsanto sabía que los PCB eran altamente contaminantes, acumulaba datos de los accidentes de trabajo de sus obreros, pero no dijo nada, lo oculó a la opinión pública.
En 1977 se prohibió la producción de este veneno en Estados unidos pero se siguió fabricando en Europa hasta 1987. En 2002, Monsanto fue condenada por haber contaminado el territorio de Aniston y la sangre de sus habitantes. Muchos de ellos fallecidos de cáncer o enfermos de chloroacnea. Se comprobó en este caso, como en muchos otros, que la toxicidad de PCB es devastadora.

Documentos internos de Monsanto revelaron en el juicio que Monsanto “lo sabía todo”, pero que no podían perder “un solo dolar en ganacias”.